El auge de Internet en general, y de los servicios web en
particular, ha traído consigo la aparición de espacios de trabajo
virtuales diversos como metáforas de interacción entre personas
pertenecientes a distintos colectivos profesionales que, aun estando diseminados
geográficamente, tienen un lugar común de intercambio de información
e intereses en dichos espacios virtuales, siendo canalizada la entrada a éstos
mediante los tan popularizados portales de Internet. Ejemplo claro de esta
virtualización de la vida cotidiana es el aumento de interés
que socialmente están despertando las denominadas "empresas.com"
y, en general, el comercio electrónico; el crecimiento exponencial
de páginas web en las que instituciones y personas aportan información
sobre procesos de actividad, recursos para la actividad, conocimientos de
todo tipo... ampliando el espacio de comunicación colectiva más
allá de los límites técnicos, económicos o de
distribución que la comunicación escrita permitían. La
red constituye hoy el acumulador de experiencia y de conocimiento más
imponente que jamás haya existido. Se potencia así la capacidad
de memoria, función imprescindible para la actividad en la Zona de
Construcción del Conocimiento y de configuración de la acción.
La enseñanza no es, y no debe ser, ajena a las posibilidades
que abren las denominadas nuevas tecnologías. Los mecanismos primarios
de la formación siguen estando, para todos los sujetos, en el mundo
de la vida, para el sujeto particular y para la humanidad en su conjunto.
La combinación de los servicios web con las capacidades hipermedia
y multimedia debe ser canalizada a través de adecuadas interfaces de
usuario, capaces de soportar toda esta potencia formativa, sin abrumar ni
desbordar al discente.
La perspectiva que desde este artículo se desea transmitir,
y por ende desde el grupo de trabajo e investigación de los autores,
es que los espacios virtuales educativos no van encaminados a terminar con
las actividades formativas presenciales tradicionales, sino que deben ser
complementarios a éstas, permitiendo una mejora sustancial de la calidad
tanto del canal de comunicación entre profesores y alumnos, como en
los materiales docentes utilizados en el proceso educativo; todo ello sin
descartar la apertura de nuevos caminos de formación mediante experiencias
controladas de educación a distancia.
La defensa del mantenimiento de los medios educativos presenciales
se justifica en que la condición de ser humano o ser inteligente se
debe de forma fundamental al contacto con otros seres humanos e inteligentes.
De hecho, Aristóteles, hace ya más de 2000 años, definió
al hombre como un animal social por naturaleza. Esto se refleja en el proceso
de formación de los niños, donde la autoconciencia que les permite
definirse como seres individuales sólo la adquieren en contacto con
los demás. Cabe señalar, incluso, que al hombre le sería
imposible desarrollar la inteligencia sin desarrollar el lenguaje mediante
el cual se comunica con sus semejantes y que se aprende en sociedad (Brotons,
2000).

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